Razas propensas a displasia de cadera y codo | Guía 2026 Dognity

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Razas propensas a la displasia:
los datos reales, no la lista de siempre

12 min de lectura  ·  Actualizado agosto 2026

Si buscas qué razas tienen displasia, casi todas las listas te dan las mismas: Pastor Alemán, Labrador, Golden. Pero cuando se miran las estadísticas reales, la raza que encabeza el ranking no es ninguna de esas — y no es ni siquiera un perro grande. Aquí están los números, cómo leer los certificados que te enseña un criador y qué parte del riesgo está en tus manos.

Razas propensas a displasia de cadera y codo en perros

La displasia es una malformación del desarrollo de la articulación: los dos huesos que deberían encajar con precisión no lo hacen. Esa holgura genera un roce anómalo en cada paso que, con los años, acaba destruyendo el cartílago y produciendo artrosis. Es una de las causas más frecuentes de dolor crónico en el perro y tiene un componente hereditario muy marcado.

72%
de los Bulldog Ingleses evaluados presentó displasia de cadera en el registro de la Orthopedic Foundation for Animals, frente al 0% del Galgo Italiano.1 Entre la raza más afectada y la menos afectada hay una distancia enorme — y no la marca el tamaño.

Cadera y codo: dos problemas distintos

Se meten en el mismo saco pero no son lo mismo, ni aparecen a la misma edad, ni afectan a las mismas razas por igual:

Displasia de cadera

La cabeza del fémur no encaja bien en la cavidad de la pelvis. La articulación queda laxa y el roce desgasta el cartílago con cada movimiento.

Afecta al tren posterior: balanceo al caminar, dificultad para levantarse, para saltar o para subir escaleras.

Patas traseras
Displasia de codo

Agrupa varias alteraciones del desarrollo del codo. Los tres huesos que forman la articulación no crecen de forma coordinada y quedan mal alineados.

Afecta al tren anterior y suele dar la cara antes — muchos casos se detectan entre los 5 y los 12 meses.

Patas delanteras

Un perro puede tener una, la otra o ambas. Y hay razas que destacan en una y no en la otra, lo que explica por qué las listas genéricas confunden tanto.

El ranking real de displasia de cadera

Estos son los porcentajes registrados por la Orthopedic Foundation for Animals sobre evaluaciones radiográficas entre 1974 y 2010, en 147 razas con al menos 100 perros evaluados cada una:1

Displasia de cadera: razas con mayor prevalencia registrada
% de perros evaluados con displasia · Registro OFA 1974–20101
Bulldog Inglés
72,1%
Carlino (Pug)
66,0%
Dogo de Burdeos
56,7%
Otterhound
51,1%
Boerboel
48,2%
Mastín Napolitano
47,7%
San Bernardo
46,8%

En el extremo opuesto
Husky Siberiano
2,0%
Galgo
2,0%
Whippet
1,3%
Galgo Italiano
0,0%

Las razas más habituales en España se sitúan en la franja intermedia. Según el periodo y el registro analizado, el Rottweiler, el Pastor Alemán y el Golden Retriever se mueven alrededor del 20%, el Terranova en torno al 17% y el Labrador cerca del 12%. Son cifras altas en términos absolutos, pero muy lejos de los primeros puestos.

La sorpresa: no es solo cosa de perros grandes

Mira otra vez los cuatro primeros puestos. El Bulldog Inglés pesa unos 25 kg. El Carlino, entre 6 y 8. Ninguno de los dos es un perro grande, y sin embargo encabezan la lista con diferencia sobre San Bernardos y Mastines.

La explicación está en la conformación braquicéfala: la selección hacia cuerpos compactos, extremidades cortas y estructura ósea alterada afecta también a cómo se forman las articulaciones. En estas razas la displasia no es una desviación del estándar racial — en buena medida viene con él.

Y en el otro extremo, los lebreles. Galgo, Whippet y Galgo Italiano tienen las cifras más bajas registradas. Su biomecánica de carrera y una estructura ligera con musculatura potente reducen enormemente la carga sobre la articulación.

Displasia de codo: otras razas, antes en el tiempo

El listado cambia. Entre las razas con mayor prevalencia registrada de displasia de codo aparecen de forma consistente el Chow Chow, el Rottweiler, el Boyero de Berna, el Terranova, el Pastor Alemán, el Golden Retriever, el Labrador y el Basset Hound.

La diferencia práctica más importante es el momento: la displasia de codo suele manifestarse antes, con frecuencia entre los 5 y los 12 meses, en pleno crecimiento. Un cachorro de raza grande que cojea de una pata delantera después de jugar, o que camina con el codo girado hacia fuera, merece una radiografía y no un "ya se le pasará con la edad".

Cómo leer el certificado que te enseña el criador

En España y en el resto de Europa se usa la clasificación de la FCI, que puntúa la cadera con letras de la A a la E. Si estás valorando un cachorro de raza predispuesta, esto es lo que tienes que saber interpretar:

Grados FCI de displasia de cadera El sistema oficial en España y Europa · Se evalúa a partir de los 12 meses (18 en algunas razas grandes)
A
Sin signos de displasia Cadera normal. Es lo que deberías buscar en ambos progenitores.
B
Articulación casi normal Ligera holgura sin repercusión clínica. Aceptable para cría en la mayoría de programas.
C
Displasia leve Ya hay alteración. Muchos clubes de raza desaconsejan criar a partir de aquí.
D
Displasia moderada Alteración evidente. Alta probabilidad de artrosis con el tiempo.
E
Displasia grave Deformación importante de la articulación, habitualmente con signos clínicos.

Para el codo, la FCI usa una escala numérica del 0 al 3, donde 0 es un codo normal y 3 corresponde a la alteración más severa.

Lo importante en la práctica: pide ver los certificados de los dos progenitores, no solo del padre. Y si el criador no los tiene, o te dice que "en su línea nunca ha habido problemas", esa frase no es un certificado. En razas predispuestas es la única garantía real que puedes exigir.

Un matiz honesto sobre estos datos
Los porcentajes reales son probablemente peores

Las estadísticas de la OFA salen de envíos voluntarios: son criadores quienes deciden qué radiografías mandan a evaluar. Es razonable pensar que muchos casos claramente displásicos nunca llegan al registro, lo que empuja las cifras hacia abajo.

Hay además un problema de método. Un estudio de la Universidad de Pensilvania comparó ambos sistemas de evaluación en 439 perros y encontró que el 80% de los perros calificados como normales por el método tradicional estaba en realidad en riesgo de desarrollar artrosis. Incluso entre los clasificados con caderas "excelentes", más de la mitad resultó susceptible al medir la laxitud articular con la técnica de PennHIP.2

Conclusión práctica: usa el ranking para saber a qué atenerte con tu raza, no como una probabilidad exacta. Y si vas a comprar un cachorro de raza muy predispuesta, pregunta qué método de evaluación se ha usado.

La buena noticia: la selección funciona

Un análisis sobre más de un millón de evaluaciones de cadera y 275.000 de codo, en 60 razas y a lo largo de cuatro décadas, encontró una mejora general en la conformación de ambas articulaciones gracias a la selección genética.3 El progreso es lento y desigual entre razas, pero es real.

Esto tiene una traducción muy concreta para ti: cuando exiges los certificados de los progenitores, no estás cumpliendo un trámite burocrático. Estás participando en el mecanismo que está reduciendo la displasia raza a raza. Los criadores que radiografían y seleccionan son la razón de que esas curvas bajen.

La genética carga el arma, el entorno aprieta el gatillo

La displasia es hereditaria, pero la heredabilidad no es del 100%. Dos cachorros con la misma carga genética pueden acabar muy distintos según cómo se críen. Estos son los factores que sí dependen de ti:

No dejes que crezca demasiado rápido

Es el factor más importante y el más ignorado. Sobrealimentar a un cachorro de raza grande para que "se ponga grande" hace que el esqueleto crezca más deprisa de lo que la musculatura puede estabilizar. Usa un pienso específico para cachorros de raza grande y pesa la ración: no la calcules a ojo.

Mantén el peso ideal toda su vida

Cada kilo de más multiplica la carga sobre caderas y rodillas, y el tejido graso además libera moléculas proinflamatorias que aceleran el deterioro del cartílago. En un perro con displasia, el control de peso es la medida con más impacto sobre el dolor a largo plazo — por encima de cualquier suplemento.

Cuida el tipo de ejercicio durante el crecimiento

Hasta que las placas de crecimiento se cierran, evita saltos repetidos, frenazos bruscos, subir y bajar escaleras de forma continuada y las carreras largas junto a la bicicleta. Nadar y pasear en llano son ideales. El objetivo no es un cachorro sedentario, sino uno que se mueva sin impactos.

Habla la edad de esterilización con tu veterinario

Un estudio de UC Davis sobre 35 razas encontró que la vulnerabilidad a los trastornos articulares tras la esterilización está relacionada con el tamaño: en varias razas grandes esterilizar antes del año se asoció a más problemas articulares, mientras que en la mayoría de razas la edad no cambió el riesgo.4 No es una regla universal — es una conversación que hay que tener con el veterinario para tu raza concreta.

Adapta el suelo de casa desde el principio

El parqué y la baldosa hacen que un cachorro de raza grande resbale y abra las patas en cada arranque. Alfombras o tapetes de goma en sus recorridos habituales cuestan poco y evitan microtraumatismos repetidos durante los meses de crecimiento.

Radiografía preventiva si la raza lo justifica

En razas muy predispuestas tiene sentido una valoración ortopédica en torno a los 12–18 meses aunque el perro esté perfectamente. Detectar una displasia leve antes de que dé síntomas abre opciones de manejo que después ya no existen.

Señales tempranas que no debes atribuir a la edad

Marcha de conejo Corre moviendo las dos patas traseras a la vez, como saltando. Signo clásico de dolor de cadera en cachorros.
Balanceo al caminar La grupa oscila de lado a lado en cada paso. Se describe como "marcha de pato".
Le cuesta levantarse Tarda en ponerse en pie tras el descanso, sobre todo por la mañana, y mejora al moverse.
Evita saltar o subir Deja de subir al sofá o al coche, o duda antes de hacerlo. Casi siempre es dolor, no desinterés.
Se sienta de lado Adopta posturas raras al sentarse, con las patas traseras hacia un costado, para no flexionar la cadera.
Cojera de una pata delantera Típico del codo. Empeora tras el ejercicio y aparece en cachorros de 5 a 12 meses.
Chasquido al mover la articulación Un clic audible al flexionar o extender. Merece exploración veterinaria.
Musculatura desigual Los muslos traseros pierden volumen mientras el tren delantero se refuerza por compensación.

Si reconoces varias de estas señales, el siguiente paso no es un suplemento: es una exploración ortopédica y probablemente una radiografía. En un perro joven, el diagnóstico temprano abre opciones quirúrgicas que dejan de estar disponibles más adelante. Puedes ver el cuadro completo en la guía sobre por qué un perro deja de subir escaleras.

Cuándo ir al veterinario sin esperar

⚠️ Motivos para pedir cita ortopédica cuanto antes
  • Cachorro de raza grande que cojea, aunque sea de forma intermitente
  • Marcha de conejo o balanceo marcado del tren posterior
  • Cojera que dura más de 48 horas o que reaparece cada pocas semanas
  • Se queja o gruñe al tocarle las caderas o los codos
  • Chasquidos audibles al mover una articulación
  • Pérdida de masa muscular visible en las patas traseras
  • Vas a adquirir un cachorro de raza predispuesta y quieres una valoración de base

En displasia, la edad del diagnóstico condiciona las opciones. Algunas técnicas quirúrgicas correctoras solo son viables en perros muy jóvenes, antes de que la articulación termine de formarse. Esperar a que "se vea si mejora" cierra puertas.

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Dicho claro: la displasia es una malformación estructural y ningún suplemento la corrige. Lo que sí puede hacer un condroprotector es acompañar el mantenimiento articular a largo plazo en una raza de riesgo. Si quieres saber qué medidas tienen más respaldo científico y en qué orden aplicarlas, lo desarrollamos en la guía de salud articular en perros.

Preguntas frecuentes

No hay garantía absoluta, pero el riesgo baja mucho. La displasia es poligénica: intervienen muchos genes y se suma el ambiente, así que dos progenitores con caderas normales pueden tener descendencia afectada. Lo que sí es seguro es lo contrario: comprar un cachorro cuyos padres no han sido evaluados en una raza predispuesta es asumir un riesgo que podrías haber reducido. Pide siempre los certificados de los dos progenitores.
La certificación oficial FCI se hace a partir de los 12 meses, y en algunas razas grandes se espera a los 18. Pero un veterinario puede detectar signos de laxitud articular mucho antes mediante exploración y radiografías específicas, incluso a los 4 o 5 meses. Esa detección precoz importa porque algunas cirugías correctoras solo son viables en perros muy jóvenes. Si tu cachorro es de raza predispuesta y notas algo raro al moverse, no esperes al año.
La malformación no se revierte, pero se maneja, y a menudo muy bien. En casos leves y moderados, el control de peso, el ejercicio adecuado, la fisioterapia y el tratamiento del dolor permiten a muchos perros una vida perfectamente normal durante años. En casos severos existen opciones quirúrgicas que van desde técnicas correctoras en perros jóvenes hasta la prótesis total de cadera, con muy buenos resultados. Displasia no es sinónimo de sufrimiento.
No necesariamente. Un mestizo hereda genes de sus ascendientes, y si entre ellos hay razas predispuestas puede heredar también esa carga. Lo que sí es cierto es que la mayor diversidad genética reduce la probabilidad de acumular las mismas variantes desfavorables por duplicado. En la práctica: si tu mestizo es de tamaño grande y estructura pesada, aplícale las mismas medidas preventivas que a un perro de raza.
No hay evidencia de que prevengan la displasia, que es un problema de formación de la articulación, no de desgaste del cartílago. Su papel es de mantenimiento a largo plazo, no preventivo en sentido estricto. Lo que sí está demostrado que reduce el riesgo en un cachorro de raza grande es controlar la velocidad de crecimiento, mantener el peso ajustado y evitar el ejercicio de impacto mientras crece. Eso es lo que hay que priorizar.
Es una decisión personal, pero conviene tomarla informado. En estas razas la displasia forma parte de un cuadro más amplio de problemas asociados a la conformación braquicéfala, que incluye también dificultades respiratorias y oculares. Si te decides por una de ellas, busca criadores que evalúen las caderas de sus reproductores —los hay, y marcan una diferencia real— y asume desde el primer día un plan de control de peso y de revisiones más estricto que con otras razas.
📋 Resumen: lo que debes recordar
  • La raza con más displasia de cadera registrada es el Bulldog Inglés (72,1%), seguido del Carlino (66%) — no son perros grandes
  • Los lebreles están en el extremo opuesto: Galgo Italiano 0%, Whippet 1,3%, Galgo y Husky 2%
  • Las razas más comunes en España se sitúan en la franja intermedia, entre el 12% y el 20% aproximadamente
  • Cadera y codo son problemas distintos: el codo suele dar la cara antes, entre los 5 y los 12 meses
  • En España se usa la escala FCI de la A a la E — pide los certificados de los dos progenitores
  • Los datos disponibles probablemente infraestiman el problema: el 80% de los perros calificados como normales estaba en riesgo según otro método
  • La selección genética funciona: cuatro décadas de cribado han reducido la prevalencia
  • Lo que sí controlas: velocidad de crecimiento, peso, tipo de ejercicio durante el desarrollo y suelos antideslizantes
Fuentes veterinarias
  1. Estadísticas de displasia de cadera de la Orthopedic Foundation for Animals (OFA), registro 1974–2010, 147 razas con al menos 100 perros evaluados. Ver datos · Registro OFA
  2. Hip Dysplasia Susceptibility in Dogs May Be Underreported. Penn Vet — estudio comparativo entre el método tradicional y PennHIP en 439 perros. Ver estudio
  3. Lewis T.W. et al. (2017). Long-term genetic selection reduced prevalence of hip and elbow dysplasia in 60 dog breeds. PLOS ONE. Ver estudio
  4. Hart B.L. et al. (2020). Assisting Decision-Making on Age of Neutering for 35 Breeds of Dogs: Associated Joint Disorders, Cancers, and Urinary Incontinence. Frontiers in Veterinary Science. Ver estudio

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